Cómo llegué hasta aquí:
Soy diseñadora gráfica e ilustradora, desde muy chica sentí que mi estado de ánimo estaba profundamente ligado a mis hábitos diarios: a cuánto y cómo me movía, a mi alimentación, a mis horas de descanso y aspectos más sutiles como la luz y la temperatura. Esta sensibilidad me llevó inevitablemente y probablemente sin saberlo, al YOGA.
Practiqué Ashtanga y Bikram Yoga, me gustaba el dinamismo y la transpiración. Sin embargo, cuando llegué al Yoga Iyengar, definitivamente sin quererlo, me vi desafiada de una manera distinta, con una profundidad que me enfrentó a aspectos de mi misma que ni siquiera sospechaba.
A pesar de que al principio no me gustó, porque ilusamente pensé que esto era más suave y yo prefería saltar, sentí un llamado muy claro, fuerte e intuitivo a quedarme y del cual, muy favorablemente, no pude arrancar.
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